Existen dos tipos de motivación para aprender: intrínseca y
extrínseca.
Se considera motivación extrínseca cuando el objetivo final proviene del exterior, por ejemplo, cuando motivan a un niño para que estudie diciéndole que si aprueba tal examen le regalarán cierto regalo. Con este tipo de motivación, los alumnos no estudian para aprender ni para sentirse competentes o realizados, sino para conseguir el objetivo que proviene del exterior.
Se considera motivación extrínseca cuando el objetivo final proviene del exterior, por ejemplo, cuando motivan a un niño para que estudie diciéndole que si aprueba tal examen le regalarán cierto regalo. Con este tipo de motivación, los alumnos no estudian para aprender ni para sentirse competentes o realizados, sino para conseguir el objetivo que proviene del exterior.
Se considera motivación intrínseca cuando el objetivo
final proviene del propio interior del alumno. Un ejemplo sería que una niña de
primaria estudie porque quiere aprender, sentirse realizada y competente. Con
esta motivación, los alumnos/as estudian por su propio bien.
Debemos de tener siempre presente el concepto de motivación dinámica, que es como un puente por el cual se llega de la motivación externa a la interna. Si un alumno está muy desmotivado, podemos comenzar a motivarlo de forma extrínseca y se convertirá en intrínseca.
Asimismo, debemos conocer el carácter dinámico de la motivación, ya que un/a niño/a puede empezar muy motivado con una asignatura y perder esa motivación, ó no estar nada motivado con una asignatura y comenzar a motivarse.

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